Rubén García García : Es mexicano, vive en una zona tropical del estado de Veracruz, Poza rica. Médico de profesión y se desempeña como catedrático de la Universidad Veracruzana. Desde hace tres años convive con la palabra y su obsesión es darle forma a sus vivencias que la vida le ha obsequiado. Ha participado en diferentes revistas regionales de literatura, pero es a través de la red donde se ha dado a conocer obteniendo algunos reconocimientos : www.ficticia.com - www.loscuentos.net - oasisliteratura, cantopoético.

Bajo el volcán

 

Recuerdo cuando llegamos a vivir cerca del volcán. En las noches de frío intenso te hacías bolita y tu cabeza descansaba en mis brazos, mientras tus pies se calentaban entre los míos. Después, próximos a dormir, mi pierna derecha cubría la redondez de tu muslo con olor a fiebre y sabor a canela.

Ayer dijiste que me apropié de la frazada y que en la madrugada te despertó el frío. Me reclamaste con enojo y en tus ojos creí ver una luz de odio con regusto a quina.

Dejamos de abrazarnos y sombreamos nuestras sábanas de lejanía; cada uno comenzó a abrigarse con su propio cobijo de lana.

En las noches que siguieron, el frío derramó cristales afilados en las columnas de la casa y en nuestra cama.

No puedes conciliar el sueño, porque tu cuerpo no responde al acomodo; yo me cubro hasta la cabeza y, aunque mis ojos permanecen abiertos, sólo veo una profunda oscuridad - fría como la menta - y escucho el canto desolado del viento: en el espacio que media entre tú y yo, percibo el goteo helado del silencio

Sous le volcan

 

Je me rappelle quand nous sommes arrivés habiter près du volcan. Lors de nuits de froid intense, tu devenais une petite boule et ta tête reposait dans mes bras, tandis que tes pieds se réchauffaient dans les miens. Après, juste avant de nous endormir, ma jambe droite couvrait la rondeur de ton mollet fiévreux qui sentait la cannelle.

Hier, tu m'as dit que je m'étais approprié la couverture et le froid t'avait réveillée au petit matin. Tu me l'as demandée, fâchée, et dans tes yeux j'ai cru voir un éclair au goût amer de haine.

Nous avons fini de nous embrasser et nous dormons dans le lointain de nos draps; chacun a commencé à s'abriter dans sa propre couverture.

Les nuits qui suivirent, le froid répandit des cristaux effilés sur les colonnes de la maison, et sur nos lits.

Tu n'arrives pas à t'endormir, parce que ton corps n'arrive pas à s'en accommoder; moi, je me couvre jusqu'à la tête, mais mes yeux restent ouverts, et je ne vois qu'une obscurité profonde - froide comme la menthe - et j'écoute le chant désolé du vent: dans l'espace qui reste entre toi et moi, je perçois les gouttes froides du silence.

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